Rafael Moraira
Cantante, poeta y dramaturgo, presenta un álbum de gran calidad, muy original y distinto a los cánones musicales al uso.
Su buen gusto artístico se caracteriza por su extrema sensibilidad literaria; sus letras, como se puede observar en sus trabajos aquí publicados, son un culto al buen gusto y una muestra de su talento: aplicadas a la música, él puede dotar a sus versos de un aire inconfundible de sentimiento y calidad artística superior.
Un total de 10 canciones que combinan música arropada con orquesta y poesía.
La luz de Damasco
El mapa de la piel
Si ves amanecer
No siento el corazón
Robinsón en el paraiso
El manantial del aire
Esta luna
Negros celos
Latidos
¡Ay!Alquivira
Historia
La Luz de Damasco
Más allá del episodio bíblico de la Conversión de Saulo de Tarso, judío estricto, quizá fariseo, colaboracionista del Imperio Romano, cegado por la Voz y la Luz del mismo Dios cuando iba camino de Damasco a exterminar a los primeros cristianos, LA LUZ DE DAMASCO es un grito de impotencia, la constancia de la imposibilidad de creer sin pruebas físicas en eso Transcendente, la propia aceptación de que el Hombre, sin más armas de conocimiento que sus sentidos y su Razón, no está capacitado para esa Santidad de Pablo.
No es un canto ateo: es el humilde reconocimiento de que «no soy capaz».
El mapa de la piel
La experiencia de dos cuerpos desnudos; el descubrimiento del otro cada vez como si fuera la primera vez; lo inagotable de la Piel ajena, el órgano más extenso, quizá intenso si nos tomamos el tiempo, del Ser Humano.
No es serio, o no debería serlo, repetir de una forma automática la maravilla del acto sexual.
En cada encuentro hay una nueva Creación. En cada cuerpo hay continentes, valles, montes, ríos, llanos. Sólo hay que tomarse el tiempo, y el gozo, de descubrir y dejarse descubrir en la odisea más fantástica que tenemos a nuestro alcance: ser Creador y Creado en cada ocasión, la aventura de buscar el Mapa y entregar el nuestro sin prisa, sin prejuicios, sin brújula. El inagotable Descubrimiento de dos amantes.
El manantial del aire
El Amor imposible entre dos mundos: la Naturaleza Virgen y la Gran Ciudad demasiado artificial.
Encarnados en dos personajes humanos: el chico del medio rural que llega y se deslumbra en principio por la brillante en apariencia y casi inalcanzable chica de ciudad.
Nada que hacer.
Mejor volver llorando al manantial nativo y dejar atrás la carcajada inhóspita y cruel de la fría ciudad.
Si ves amanecer
Si pudiéramos ser menos «humanos», en el peor sentido, y más «animales», en el mejor sentido; si nos tomáramos el tiempo para ensordecer el ruido y sumergirnos en el silencio; si pudiéramos sentarnos así cada día, simplemente a observar el ciclo del sol, los sucesivos cambios de color del cielo y el mar, la maravilla del amanecer, el atardecer y el anochecer, y viviéramos según esos ciclos, como hacen los animales… estaríamos quizá, si no más felices, sí más serenos.
Porque observar en silencio ese Espectáculo diario es también observarnos a nosotros mismos. Y «confundirnos», es decir «fundirnos con» la simple Naturaleza es empezar a conocernos a nosotros mismos desde nuestra más básica esencia.
Esta luna
Inspirado en el mito griego de Narciso, ahogado en un estanque al tratar de atrapar su propio reflejo, enamorado de su propia belleza, como castigo de los dioses por su rebeldía, ESTA LUNA es el propósito de no tratar de ser o aparentar ser aquello que los demás nos imponen, ética, estética, socialmente…
La decisión de no perderse en el «nosotros, los divinos» para aceptar orgullosamente el «yo, el imperfecto»; la innegociable voluntad como norma de vida de no ser reflejo de nada ni nadie, de no ser Luna de ningún supuesto Sol.
Aunque eso suponga vivir «en lo oscuro»…
No siento el corazón
La consecuencia más común de un Amor no correspondido, y más si es el primero, es la firme decisión por instinto de supervivencia de no volver a enamorarse. Incluso, por una reacción desmedida, abjurar de todo lo hermoso que se esperaba y volverse cruel, frío, «descorazonado».
Devolver daño por daño, ojo por ojo, dolor por dolor. Aunque las «víctimas» sean otras…
Robinsón en el paraiso
Solo frente al mar…
La tópica pregunta: «Qué te llevarías a una isla desierta?»
La respuesta más inteligente: «Me basta con la imaginación «.
Porque en la situación más árida, en la circunstancia más dura, en la soledad menos deseada, tu Imaginación es capaz de crear un Paraíso, de soñar cualquier aventura, de inventar un Amor… a tu medida, a la medida de tu soledad.
Al fin y al cabo, los sentidos son imposibles de sofocar. Incluso en el más absoluto aislamiento.
Gracias a la irrenunciable potencia de nuestra Imaginación, podemos y debemos buscar el placer en nuestro propio Paraíso interior.
Latidos
Está canción parte del latido del corazón del letrista, atento al ritmo de sus latidos en toda circunstancia: en la paz de su silencio, en la anticipación del encuentro, en la sacudida del Amor, en la tristeza del abandono…
Y le habla a su propio corazón como si hablase con un tirano que le domina, le calma, le traiciona, lo arrastra…
Tratando de entender y negociar consigo mismo las sinrazones de sus propios LATIDOS.
¡Ay! Alquivira
Siglo XI. Ishbiliya. La Sevilla de taifas, la «ciudad llana», también llamada poéticamente Alquivira (La Grande).
Cuenta le leyenda que el Rey Poeta Almotamid o Almutamid, tratando de hilar unos versos a orillas del Río Grande (Guad-al-Quivir) no encontraba el pie a uno de ellos:
“La brisa convierte al río en una cota de malla…”
Cuando, ante su bloqueo poetico, una voz femenina a sus espaldas, oculta en la vegetación del río, concluyó:
“Mejor cota no se haya como la congele el río.”
Era la esclava Itimad, llamada la Romaiquiya, que llegaría a ser su amada Reina en una taifa idílica. Hasta que la invasión de los almorávides lo desterró para siempre a Ahmad, cerca de Marruecos, a donde, fiel y enamorada, la siguió hasta sus últimos días Itimad.
Podéis visitar allí su espléndido Mausoleo. Y quizás oigáis esos versos que hoy son… nada.
Como casi todo lo que fue aquella Gran Ciudad.
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